Los últimos días de mayo vivimos el habitual ritmo frenético de cada año. Una vez estibada la comida, herramientas, repuestos y listos los preparativos para un viaje de cuatro meses y más de tres mil millas decretamos que estábamos listos para zarpar. Vamos !!

El 1 de junio fue llegando la tripulación que nos acompañaría hasta Sicilia en la primera etapa del viaje a Grecia con el objetivo de recorrer la costa norte de Túnez y conocer la isla de Pantelleria. Una vez repartidas las cabinas y hechas las explicaciones, pocas, casi todos los tripulantes eran habituales de las grandes travesías del Onas, largamos amarras (Adéu Badalona! Hasta octubre !!!) izamos velas y pusimos proa a Menorca. Esta primera singladura fue poco lucida: viento escaso y contrario, cielos nublados compensados parcialmente por una hermosa puesta de sol, las visitas de los delfines y la entrada a vela en la bahía de Maó.

 

Al día siguiente por la tarde salió el sol, dejó de llover y el viento roló al sur, tal y como estaba previsto. Sin perder un minuto, cargados de ensaimadas, queso y Gin Xoriguer, zarpamos de nuevo hacia levante.
Una vez fuera de la profunda bahía, el puerto natural más grande del Mediterráneo, con el viento fresco y ligeramente a proa del través el Onas empezó a tragar millas a más de ocho nudos de velocidad. A medida que
el cabo de la Mola desaparecía por la popa fuimos adoptando el ritmo de la vida en alta mar que tanto me gusta: Lo que pase más allá de nuestro horizonte circular adquiere una importancia relativa o se pospone. Sólo hay que preocuparse de hacer avanzar el velero más o menos hacia su lejano destino y tratar de ser una tripulación feliz, disfrutando cada uno de sus tareas a bordo: controlar el trimado de las velas, vigilar que no haya barcos cerca, ayudar Ana en la cocina y probar sus comidas, lavar platos con agua de mar, volver a trimar, participar en las charlas en la bañera, mirar de reojo el horizonte de barlovento, dormir a ratos y tomar nota en el cuaderno de bitácora del rumbo, dirección e intensidad del viento, estado del mar, velas utilizadas, latitud y longitud …

Al día siguiente el viento y la marejada se hicieron aún más favorables, una delicia !. En sólo 24 horas habíamos dejado Cerdeña por babor (casi doscientas millas !!). Con estas condiciones y las buenas previsiones decidimos continuar hacia Túnez, sin detenernos. En la segunda noche de la atraviesa el viento se mantuvo pero tuvimos que estar bien atentos al intenso tráfico mercante y pesquero del canal de Cerdeña.
El último día el viento aflojó un poco. Ningún problema !! con el spinnaker g
rande continuamos hasta avistar Ras Nador. Qué travesía más buena!!!

A primeras horas de la tarde entramos en el puerto de Bizerta con las perceptivas banderas de Túnez y amarilla flameando en el obenque de estribor, hacía quince años de la última vez, ya teníamos ganas. Nada más asomar la proa por la bocana los marineros nos señalaron un amarre. La nueva marina es grande, moderna y dispone de todos los servicios pero está casi vacía. Pronto llegaron los oficiales de policía y aduanas para cumplimentar los trámites de entrada al país y a última hora de la tarde salíamos a pasear por la medina.

A pesar de haber empollado la guía de viaje y leído bastante sobre la historia de Túnez y la primavera árabe habíamos olvidado un detalle importante: llegábamos en pleno ramadán… Con el canto del muecín de la puesta de sol las calles quedaron desiertas, sólo se oía el rumor casero de las comidas familiares. El ramadán es una de lsa celebraciones musulmanas más importantes, impone ayuno diurno pero durante un mes reúne familias y amigos cada noche alrededor de copiosas comidas tradicionales. Después de cenar se llenaron los cafés, las calles y las plazas. Los comercios, cerrados o casi inactivos durante el día permanecen abiertos por la noche hasta muy tarde y la animación se mantiene hasta la madrugada.

Al día siguiente a las nueve de la mañana habíamos quedado para hacer un recorrido por Túnez. A media mañana apareció Raouf, nuestro flamante chófer. Es Ramadán, ya se sabe. A pesar de los intentos fallidos de ir a las quimbambas acordamos dejarnos llevar. Tampoco había que hacer nada especial, dar una vuelta y ver tierra adentro. A pesar del éxito democratizador de la primavera árabe en Túnez, el neocolonialismo, décadas de corrupción, la última crisis económica y finalmente la caída del turismo a causa del miedo han empobrecido el país. Raouf es simpático y le gusta charlar, pronto nos invitó a cenar en su casa … es ramadán todo el mundo cena en casa, sólo encontraríamos abiertos los sitios para guiris. Perfecto !!!
Poco después de la tarde llegamos a casa,
en las afueras de Bizerta. Esta será, para mí, la experiencia más bonita del viaje: Compartir una comida especial, con una extensa familia alegre y acogedora. Shucram !!

Conocemos bastante el Magreb y siempre nos hemos sentido a gusto pero cuando el invierno pasado decidimos el itinerario de este viaje nos planteamos algunas dudas: se apuntaría alguien? es suficientemente seguro? Seremos bien recibidos?
La primera duda se desvaneció pronto: Fue el primer viaje en completarse. En cuanto a la seguridad no tuvimos ningún problema. No significa nada, claro. En tierra no se ve más policía que en otros países y en el mar la guardia nacional patrulla efectivamente la costa. En todas las singladuras y fonderos fuimos visitados por patrulleras que, muy amablemente, preguntaban donde íbamos de donde veníamos y nos daban la bienvenida.
Nos hemos sentido siempre bien recibidos, todo el mundo ha sido extremadamente simpático, agradable y acogedor. El «benvenus en Tunisie» ha sido prácticamente unánime en panaderías, mercados, con los guardas nacionales o a quien pedíamos alguna indicación. Ninguna mala cara, ningún reproche, más bien hemos pasado desapercibidos. Volveremos, pronto.

 

Continuamos la navegación hacia el este, con mistral bien entablado que nos hizo volar hasta doblar Ras Sidi Ali el Mekki y fondeamos cerca de la solitaria playa de Ghar El Melj. Al día siguiente navegamos hasta Sidi Bou Said. Este fotogénico pueblo de paredes encaladas y puertas azul cielo colgado sobre el mar es uno de los lugares preferidos de recreo de los tunecinos y los turistas. Cenamos, casi solos, en una de las agradables terrazas sobre el mar que se llenó a tope un poco más tarde.

 

 

En la última singladura por aguas tunecinas nos costó un poco remontar contra el viento hasta el Cabo Bon y recalar en el gran puerto de pesca de Kelibia. Algunos de los tripulantes compartíamos un recuerdo imborrable de la puesta de sol desde lo alto del castillo que secretamente queríamos repetir, pero está cerrado… es ramadán. No importa, este es otro viaje y nos llevaremos otros recuerdos.
Un poco hartos de las restricciones del ramadán y su ritmo de vida imposible, cenamos una fantástica paella a bordo y fuimos a dormir temprano, al día siguiente había que madrugar.

 

El otro objetivo del viaje era la isla italiana de Pantelleria, siempre nos habíamos quedado con ganas de visitarla. La travesía hasta la isla fue tranquila: una agradable ceñida con el mar como un plato y el olor de los jazmines impregnando la cabina del Onas. Pantelleria es una pequeñísima isla de origen volcánico y discreto refugio de ricos con buen gusto. El puerto es más bien feo pero la isla parece un jardín, con estrechas carreteras entre viñedos y muros de piedra seca, casas al estilo de las “Domusi” tradicionales con muros de lava negra y techos en cúpula, aguas termales junto a las calas rocosas y un sorprendente lago de aguas turquesas: “el espejo de Venus”

En la última singladura de este viaje tuvimos que ceñir contra un potente mistral y la mar gruesa habitual del canal de Sicilia hasta recalar en Mazzara del Vallo bajo un cielo gris, tónica habitual de los próximos días … pero esa es otra historia.