Breve historia del puerto de Barcelona

Hola soy Ana y me dedico a hacer descubrir la ciudad a turistas y curiosos. Desde hace 7 años tengo mi web, barcelonina.com donde propongo varias rutas para enamorarse de Barcelona.

En este espacio, que tan amablemente, me han dejado los amigos del Onas, Ana y Toni, os hablaré un poco de la historia del puerto de Barcelona.

Orígenes del Puerto de Barcelona

Si nos sumergimos en la historia de Barcelona, ​​veremos que sus fundadores llegaron por barco. Es lógico pensar que siempre ha tenido un puerto, pues no, no ha sido así.

Los romanos, fundadores de Barcelona (Iulia Augusta Paterna Faventia Barcino en la época) utilizaban las costas del Poble Sec como puerto natural, y así fue hasta el hasta el siglo X. Más tarde, entre los siglos X y XIV, se utilizó como puerto el estuario que había donde hoy en día termina la Rambla. Los barcos invernaban en la playa entre el Pla de Palau y la Ciutadella.

Sabemos que, en 1438, el rey Alfonso el Magnánimo dio licencia para la construcción de puerto y muelle con el privilegio de decidir y gestionar los derechos de anclaje para la conservación de la estructura. También sabemos que el mismo año se colocó una estacada, pero no conocemos la situación exacta. Si avanzamos un poco en el siglo XV, tenemos constancia de que, en 1474, durante el mes de septiembre se celebró el inicio de las obras del puerto de Barcelona pero por testimonios posteriores, sabemos que las obras más que avanzar, retroceden, debido al levante. Habrá que llegar al 1696 para que Barcelona tenga finalmente un puerto.

 

Consolidación como Puerto Industrial

Será a partir de la segunda mitad del siglo XIX cuando el Puerto se consolidará como puerto industrial del Mediterráneo. El varadero construido por la Maquinista Terrestre y Marítima, así como el Dique Flotante y Deponente construido a finales de siglo XIX son dos de las estructuras que lo convertirán en un puerto de referencia en el Mediterráneo. Además, durante la Primera Guerra Mundial el puerto se convertirá en una zona de comercio neutral para ambos bandos. Y es que, durante la Primera Guerra Mundial, Barcelona, ​​y más concretamente el Paralelo vivieron una gran bonanza económica. De hecho, en el Paralelo había una placa para dar las gracias a la guerra. Como uno puede imaginar, se retiró.

Las Exposiciones Universales llegan a ritmo de Golondrina

Durante la exposición de 1888, se pondrá en marcha el servicio de las Golondrinas. Leopoldo Herrera, un indiano que había hecho fortuna en Cuba, aprovechará la efervescencia económica barcelonesa de finales del XIX y pondrá en marcha un servicio de pequeños barcos a vapor para pasajeros proponiendo tours panorámicos por dentro del puerto, desde las Drassanes hasta los Baños de La Barceloneta. Las embarcaciones eran muy similares a los que aún funcionan hoy, pero sin la cubierta superior. ¡Esta atracción comenzó a funcionar en 1884, cuando aún no había la escultura de Cristóbal Colón!

En 1923 nace otra compañía que hará competencia a las Golondrinas y que se llamaba Gaviotas. En 1950 se fusionarán y conservarán el nombre de Golondrinas, quizá porque puestos a pensar en pájaros, las golondrinas son más simpáticas. El recorrido irá cambiando en función de las diversas obras en el Puerto e ir al “Rompeolas” a comer los fantásticos mejillones del Porta Coeli se convertirá en una actividad muy popular entre los barceloneses.

Con la construcción del Puerto Olímpico y del Forum, las Golondrinas alargarán su recorrido y también modernizarán la flota. Actualmente proponen dos circuitos diferentes que permiten explorar tanto el skyline de Barcelona como todo el puerto.

Los cruceros hacen escala en Barcelona

Actualmente el puerto de Barcelona es el más grande del Mediterráneo en cuanto a cruceros y el cuarto del mundo, justo detrás de los caribeños. Con siete terminales para barcos de crucero recibe cada año más de 4,5 millones de cruceristas. Son números que hacen marear a aquellos que hace muchos años veíamos «Vacaciones en el Mar” y nos hacía como gracia lo de la cena con el capitán.

El disparo de salida de Barcelona con puerto de cruceros lo darán los Juegos Olímpicos. En 1992 el puerto acogió a 10 cruceros que complementaron la falta de plazas hoteleras en Barcelona durante el verano olímpico. A partir de ese momento, la popularidad de los cruceros fue creciendo, así como las terminales dentro del puerto para acoger barcos de grandes esloras. De hecho, cada año, la compañía Royal Caribbean estrena un nuevo barco más grande que la anterior y durante el verano, su puerto base es el de Barcelona. En el momento de escribir este post, el crucero más grande del mundo es el Symphony of the Seas con unas cifras de impacto: 362 metros de eslora, tiene una capacidad de hasta 6680 pasajeros y 2175 tripulantes. Dentro tiene siete «barrios» diferentes y más de 25 restaurantes. Tiene también simuladores de surf, una pista de patinaje y una cancha de baloncesto de tamaño oficial, entre otros.

Embarcaciones de ocio en el Puerto de Barcelona

No todo son embarcaciones de miles de pasajeros o barcos que cargan contenedores. En el Puerto también hay lugar para las embarcaciones de recreo y hoy podemos encontrar dos Reales Clubes: el Marítimo y el Náutico. Con una misión común, acercarnos al mar.

El Real Club Náutico, se fundó en 1876 y es el club deportivo más antiguo de España. Su nombre de origen era Club Catalán de Regatas. Cada año, junto con la firma de cosmética Puig, organizan la Puig Vela Clásica, una regata para veleros clásicos una buena oportunidad para ver preciosos veleros de época navegando por nuestras costas.

Por otra parte, el Real Club Marítimo de Barcelona nace en 1902 como fusión de dos clubes precedentes: un de remo y uno de regatas. Entre 1911 y 1957 su sede social era un edificio del arquitecto Enric Sagnier pero una nueva ampliación del puerto les obligó a derribarlo y trasladarse a la sede social actual. En 1922 organizaron el primer Campeonato de Europa de remo celebrado en España.

Si durante el atardecer salimos a pasear por el Moll de la Fusta y llegamos al Port Vell, los mástiles de los veleros amarrados nos recuerdan, a ciudadanos y foráneos, que nos encontramos en una ciudad marinera y como dice el dicho popular “Donde hay agua, hay vida».

¡Nos vemos en una de mis rutas por Barcelona!